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sábado, 28 de septiembre de 2013

ANÁLISIS DE LA PELÍCULA "JOBS"

Lo primero, comentar que, en mi blog EL ESPECTADOR IMPERTINENTE, hago un análisis estrictamente cinematográfico de esta misma película (http://cineartemagazine.blogspot.com/2013/09/jobs-o-la-sombra-del-lider-es-alargada.html).


ANÁLISIS DE LA PELÍCULA JOBS






En nuestra anterior entrada (http://eldedoeneldato.blogspot.com.es/2013/09/defensa-de-la-racionalidad-creativa.html), hablamos del concepto de “racionalidad creativa” y lo consideramos como un factor clave para salir de la actual situación de crisis que estamos viviendo. Lejos de ser un término vacío, hoy quisiera demostrarles que hay ejemplos muy significativos que nos enseñan que el éxito, en muchas ocasiones, está asociado a la conexión de ideas que, en principio, pueden parecer antitéticas. Como el pasado viernes 20 de septiembre se estrenó en España Jobs, película que narra la vida del fundador de Apple, hoy vamos a detenernos en analizar algunos de los puntos más relevantes del film.






La Imagen que se ha impuesto de Steve Jobs es la de que se trataba de un visionario que supo introducir innovaciones que han cambiado el panorama tecnológico para siempre: el ordenador personal (a través de sus modelos Apple I, Apple II, Lisa o Mcintosh), el iPod, la tienda online iTunes, el iPhone, el iPad… Siendo ello cierto, no es menos verdad que no es tan conocido que en la trayectoria de Jobs existe un corte radical a partir del conflicto surgido en 1985 en el seno de la propia empresa que él fundó.

Tras la fuerte expansión de la empresa en el período 1976-1981, el proceso se coronó con su salida a Bolsa y la entrada de accionistas externos. La trayectoria llena de éxitos de Apple llevó, posiblemente, a que Jobs no fuera consciente de que la compañía ya no operaba con los mismos condicionantes y parámetros que cuando él la creó en el garaje de su casa. Ahora, había socios que pedían resultados, ejecutivos que controlaban cada partida contable y una compleja estructura que no podía ser gestionada a golpe de genialidad. Para aplacar los ánimos, Jobs fichó a John Sculley quien era, en ese momento, director ejecutivo de Pepsi-Cola. Posiblemente, la intención de Jobs no era regirse por los criterios de gestión que Sculley podía aportar sino, más bien, utilizarlo como fachada para calmar los ánimos de quienes no compartían sus formas de dirigir la compañía. Así, los gastos de desarrollo de nuevos modelos continuaron disparados sin que el afán perfeccionista de Jobs se viera moderado de alguna forma. La historia acabó con la retirada de cualquier función ejecutiva a Jobs y su salida final de Apple, la empresa que él mismo había fundado.

Lo verdaderamente peculiar de esta historia viene después. Tras la salida de Jobs, Apple entró en una dinámica de lenta decadencia que acabó provocando la salida de Sculley y su sustitución por Michael Spindler, primero, y por Gil Amelio, después, hasta que en 1997 se vio en la reincorporación de Jobs como única salida a la casi segura bancarrota. Y su retorno a la cúpula de la empresa no tuvo nada que ver con su primera etapa. Esta vez, todo fue distinto. Siendo capaz, como en los años 80, de continuar encadenando innovaciones que proporcionaron a la marca toda una legión de fieles incondicionales, al mismo tiempo supo dirigir la empresa con sólidos criterios de gestión que llevaron a que Apple haya llegado a ser la firma con mayor capitalización bursátil de la historia (http://vozpopuli.com/empresas/13511-la-capitalizacion-bursatil-de-apple-sigue-imparable-y-supera-ya-el-pib-de-170-paises).






Para entender qué había cambiado de una época a otra, sería conveniente describir la marcha de una empresa como el resultado de la interacción de tres fuerzas muy distintas que no siempre operan coordinadamente:

1.- LA CREATIVIDAD.
2.- LA BUROCRACIA.
3.- EL LIDERAZGO.

La creatividad permite innovar, crear nuevos productos, descubrir nuevas formas de fabricar, vender y comercializar los productos ya existentes, encontrar mercados que no habían sido identificados con anterioridad, hallar nuevos modos de organizarse y actuar… La creatividad es la fuerza esencial para que una empresa se mantenga viva y logre irse adaptando a las cambiantes circunstancias del entorno. Sin embargo, la creatividad, por sí misma, no es capaz de llevar a una empresa a buen puerto. Por su propia condición, la creatividad nace del caos, de la improvisación, del azar y, por tanto, le resulta difícil poner orden en todo aquello que genera.

Para que la creatividad quede encauzada adecuadamente, se necesita de la burocracia. Se necesita de procedimientos, de métodos, de organización, de criterios de gestión… El gran problema de la burocracia es su enorme capacidad para anquilosar cualquier organización, para volverla rígida y poco permeable a los cambios, para generar una cultura en que prima el estrecho cumplimiento de la norma (interpretada siempre en sentido restrictivo) antes que la atención a sus objetivos últimos…

Para conciliar estas dos fuerzas que tienden a estar en contradicción es fundamental el liderazgo. El liderazgo ha de aportar la visión, la estrategia y la dirección para dar a cada una de las restantes fuerzas el lugar que tiene que ocupar en el seno de la empresa. No puede dar un peso excesivo a una de ellas ni, lo cual es el mayor peligro a evitar, provocar que el propio liderazgo acabe devorando a la empresa de modo que cualquier paso, trámite o decisión deba pasar previamente por la dirección o que la misma se acabe aislando de la realidad y acabe imponiendo criterios caprichosos, arbitrarios o puramente personales.





El inicio de Apple ejemplifica a la perfección la importancia de la creatividad para que una empresa consiga el éxito. Con escasos recursos, la idea central que propició que la marca fuera adquiriendo renombre y prestigio en el mercado fue la de convertir el ordenador en una herramienta accesible al usuario doméstico. Este concepto puede parecer simple hoy en día pero a principios de los ochenta se pensaba que el ámbito de la informática quedaba reducido al de las grandes empresas y los grandes usuarios sin que fuera a ser una pieza de importancia en el consumo de los hogares. Todo ello cambió y fue contra la opinión generalizada del sector por lo que no cabe pensar que la estrategia de Jobs fuera obvia sino, más bien, todo lo contrario.
Sin embargo, ese torrente de creatividad que se convirtió en rasgo identificativo de Apple no fue canalizado de forma sensata y racional cuando la empresa adquirió mayor volumen y complejidad. El gasto excesivo de recursos para desarrollar nuevos modelos y (algo que no aparece en la película pero que tiene gran importancia) la incompatibilidad entre los distintos modelos que Apple fue introduciendo en el mercado lastraron la posición de la empresa y forzaron la salida de Jobs.

Pero cuando Jobs se fue, la capacidad de innovación de Apple quedó fulminada y entró en un proceso de decadencia del que, obviamente, los burócratas que ocuparon su lugar no fueron capaces de corregir. Resulta ilustrativo, a este respecto, que, en las dos ocasiones en que se destituye a un director general en la película, los miembros del Consejo de Administración dicen exactamente lo mismo: “Y, ahora, ¿qué hacemos?”. La burocracia puede saber cómo hay que hacer las cosas pero no suele tener tan claro qué cosas son las que hay que hacer. 

Cuando Jobs volvió a Apple en 1997 y aprovechando, en gran medida, su experiencia acumulada en la compañía de animación Pixar y en la de informática Next, supo rectificar los errores de su primera etapa y, a la vez, sin perder los rasgos de creatividad permanente e innovación continua, hacer de la empresa un ejemplo de buen gestión. Y, lo que era aún más difícil, creo que su liderazgo se ejerció dando suficiente aire a la empresa para que el mismo no la acabara ahogando. Que, tras su retirada como primer ejecutivo de Apple y su posterior fallecimiento el año 2011, la empresa haya continuado en primera línea del sector es muestra de que la misma está impregnada de una cultura corporativa que ya tiene su propia dinámica y que no depende exclusivamente de la persona que esté al mando.

Hay un segundo aspecto que me interesaría destacar de la película. Tal como hemos descrito la conjunción de fuerzas que operan en una empresa, es fácil deducir que es sumamente complejo el mantener una senda continua de éxito. Igual se consigue el equilibrio entre las fuerzas en contradicción, incluso por un largo período de tiempo, que se pierde el mismo por cualquier hecho o circunstancia. De ahí que, para que la iniciativa empresarial repercuta de modo relevante en el desarrollo económico y social, es fundamental la existencia de un ENTORNO idóneo para sacar el máximo partido a todas las ideas y proyectos que se ponen en marcha. Aunque a fuerza de repetirlo pueda parecer un puro tópico, Silicon Valley es un buen ejemplo de cómo toda una serie de elementos se conjugan en una especie de círculo virtuoso para permitir que la tecnología se convierta en un motor económico esencial. En otros lugares (por ejemplo en España) es impensable que, cuando la actividad de la empresa se desarrollaba en un garaje, aparezca un Paul Terrell dispuesto a vender en su tienda un ordenador del que sólo existía un precario diseño o un Mike Markkula decidido a invertir en la incipiente compañía. Es ese entorno el que permite que, aunque muchas empresas puedan caer en el camino, otras muchas puedan tomar su relevo y mantener a California, en general, y a Silicon Valley, en particular, como un lugar de referencia tecnológica mundial.

Por esta brillante plasmación de las fuerzas que operan en cualquier empresa y por la descripción de cómo es un entorno que favorece la iniciativa empresarial, merece ser vista esta película por todos aquellos interesados en estos temas y en su análisis para realizar recomendaciones realizadas con la política económica o la consultoría empresarial.

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