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sábado, 7 de abril de 2012

LA SITUACIÓN DE LA ECONOMÍA DE EE.UU (II)






En nuestra anterior entrada, reseñamos los datos positivos que se estaban dando en la economía de los Estados Unidos (recuperación económica, creación de empleo, reducción de la tasa de paro, freno al aumento del gasto público…) e indicamos que los mismos podían dar lugar a la reelección de Barack Obama en el próximo mes de noviembre (salvo que algunos elementos que citaremos en nuestra exposición lo impidan o algún micrófono abierto traicione en el momento más inoportuno al actual presidente: http://www.elmundo.es/america/2012/03/26/estados_unidos/1332790045.html).


Sin embargo, también existen sombras que amenazan la buena marcha de la economía estadounidense y que vamos a desarrollar en esta entrada.



Uno de los elementos clave para determinar el equilibrio o no de cualquier economía y para situar su posicionamiento a nivel mundial es su balanza de pagos. El saldo de sus transacciones con el exterior indica si el crecimiento económico va acompañado de la necesidad de endeudarse con el exterior o no, la brecha entre compras y ventas con el resto del mundo es una señal de la sostenibilidad o no de las tasas de crecimiento en el futuro inmediato, los saldos de las diferentes balanzas son un anticipo de la tendencia que va a adoptar el tipo de cambio de la moneda nacional así como son el reflejo de la mayor o menor capacidad del país para invertir en el exterior… En el caso de Estados Unidos, las conclusiones que cabe extraer de los datos siempre hay que matizarlas por el carácter de moneda internacional de reserva del dólar USA. Efectivamente, una de las pocas monedas que a nivel mundial goza de absoluta confianza en cuanto a su capacidad de mantenimiento de valor y de seguridad de los activos nominados en ella es la divisa estadounidense. Ello tiene consecuencias que comentaremos a continuación.



 Ateniéndonos a los datos, se aprecia una clara tendencia desde 1992 hasta la actualidad de aumento del déficit de la balanza de bienes y servicios (tanto en términos absolutos como en términos de porcentaje del PIB), a pesar de su disminución en el período recesivo 2007-2009:






(Pulse sobre la imagen si quiere verla ampliada) 


Fuente: Elaboración propia a partir de datos del U. S. Bureau of Economic Analysis





(Pulse sobre la imagen si quiere verla ampliada) 

Fuente: Elaboración propia a partir de datos del U. S. Bureau of Economic Analysis

Esta evolución refleja que las adquisiciones del exterior de bienes y servicios por parte de Estados Unidos son mayores que sus ventas de bienes y servicios al exterior y que la diferencia tiende a ensancharse con el tiempo. Este comportamiento repercute de varios modos en el resto de circunstancias económicas.

La primera cuestión a tratar, y que será en la que profundicemos en esta entrada, se centra en el crecimiento del endeudamiento que deriva del déficit de la balanza de bienes y servicios. Cuando se produce el desequilibrio mencionado, la contrapartida inevitable es la necesidad de endeudarse para financiarlo. Y, efectivamente, los datos apuntan a un aumento del endeudamiento tanto del sector público como del sector privado.

En relación a la deuda y el déficit públicos, aunque el crecimiento de estas magnitudes se ha frenado, su cuantía sigue siendo lo suficientemente alta como para que su gestión sea un inconveniente añadido de cara a la salida definitiva de la crisis. Teniendo en cuenta los datos parciales del tercer trimestre de 2011, el déficit público supuso todavía el 9,7% del PIB:




(*) Los datos de 2011 corresponden al déficit al tercer trimestre del año.

Fuente: Elaboración propia a partir de datos del U. S. Bureau of Economic Analysis


La acumulación de déficits públicos ha provocado que la deuda pública total haya superado al terminar el año 2011 el porcentaje del 100% del PIB:






Las cifras alcanzadas por el endeudamiento privado también son importantes. Si tomamos, p. ej., la magnitud del crédito interno al sector privado en el período 2006-2010, su cuantía en relación al PIB ha estado a lo largo de todo el período en torno al 200%. Aunque ha descendido desde el máximo del 213,4% alcanzado en el año 2007, tampoco manifiesta una tendencia clara de disminución:



 
Fuente: Banco Mundial


Insistamos en que endeudamiento y déficit en las transacciones exteriores son elementos interconectados. Si en relación al exterior, las compras son superiores a las ventas, el resultado obligado es que el país se debe endeudar para poder sostener ese mayor nivel de adquisiciones. Desde otro punto de vista, el endeudamiento alimenta una balanza de bienes y servicios con saldo desfavorable.

Que el nivel de endeudamiento sea sostenible, depende de que las inversiones en que el mismo se materialice contribuyan o no al dinamismo de la producción y la creación de riqueza. La recesión en que cayó la economía norteamericana en el período 2008-2009 afectó, sobre todo, a la capacidad de devolución de deudas del sector privado y, de ahí, los problemas que afectaron al sistema financiero estadounidense.

Aunque parte de dichos problemas se han solucionado, los mismos no han acabado de desaparecer. Los resultados de los test de estrés aplicados a los grandes bancos de Estados Unidos, que se hicieron públicos el pasado 13 de marzo (http://www.elmundo.es/america/2012/03/13/economia/1331674168.html), mostraban que, aunque 15 de las 19 entidades disponían de reservas para resistir un escenario de recesión adverso, había 4 entidades que, en el segundo año de decrecimiento económico, sus recursos propios caerían por debajo del mínimo permitido: Citigroup (la mayor entidad financiera de Estados Unidos), MetLife, Sun Trust Bank y Ally Financial.

Igualmente, aunque los bancos han devuelto buena parte de las ayudas recibidas del TARP (Troubled Asset Relief Program) para resolver sus problemas de solvencia y liquidez, un informe de la GAO (Government Accountability Office), organismo encargado de auditar las cuentas públicas para el Congreso, ha matizado el presunto éxito del programa en un informe publicado el pasado 8 de marzo de 2012 (http://www.gao.gov/assets/590/589127.pdf), el cual analiza uno de los subprogramas más importantes, el CCP (Capital Purchase Program). Según dicho informe, aunque el CCP había supuesto que el Tesoro norteamericano ya había obtenido un mayor importe que el aportado en su momento (el desembolso inicial fue de 204.900 millones de dólares USA y el importe cobrado por el Tesoro hasta la fecha había sido de  211.500 millones de dólares USA –correspondiendo 185.500 millones a devolución del principal, 11.400 millones a dividendos, intereses y comisiones, 7.700 millones a venta de warrants y 6.900 millones a la venta de acciones de Citigroup-), existían dos elementos preocupantes en el desarrollo del programa:

1.- El primero de ellos es el aumento de instituciones incluidas en el programa que han demorado los pagos a los que estaban obligadas. En febrero de 2009, el número de entidades morosas era de ocho, pero en noviembre de 2011 la cifra se había elevado a 158.

2.- Por otra parte, de las 341 entidades que habían abandonado el programa, 165 devolvieron los importes entregados con fondos provenientes de otros programas federales de ayuda financiera (28 con cargo al CDCI –Community Development Capital Initiative- y 137 con cargo al SBLF –Small Business Lending Fund-).
                                                              
Por ello, había que concluir que, aunque se habían paliado las dificultades más graves que afectaban al sistema financiero estadounidense, todavía acechaban ciertas debilidades, que se reflejaban en los problemas de determinadas entidades medianas y pequeñas para devolver las ayudas recibidas y en la insuficiencia de capital de algunas entidades de gran tamaño para resistir una hipotética recesión.

Esta combinación de alto déficit público, elevado endeudamiento y de obstáculos para el saneamiento definitivo de los bancos de menor tamaño explica, en gran medida, la ejecución de programas de política monetaria expansiva de gran contundencia: las denominadas “Quantitative Easing” (QE1) (http://www.libertaddigital.com/economia/la-fed-mantiene-los-tipos-y-anuncia-que-comprara-deuda-de-eeuu-1276353913/), “Quantitative Easing 2” (QE2) (http://www.elmundo.es/america/2010/11/03/economia/1288808934.html) y la “Operación Twist” (http://www.cotizalia.com/noticias/2011/09/21/operacion-twist-la-fed-compra-400000-millones-en-deuda-a-largo-plazo-73396/). Todos estos programas tienen en común la compra masiva de títulos por parte de la Reserva Federal con el fin de inyectar liquidez al sistema económico (los importes fueron de 750.000 millones de dólares en titulizaciones hipotecarias y 300.000 millones en compras de bonos del Tesoro, en el caso de la QE1, 600.000 millones en compra de bonos del Tesoro, en el caso de la QE2, y 400.000 millones de dólares en compra de deuda a largo plazo, en el caso de la “Operación Twist”). 

Estas medidas de carácter monetario han servido para mantener la normalidad de los flujos financieros de la economía estadounidense y han ayudado a que las cifras de crecimiento no experimenten una grave depresión. Pero la contrapartida de las mismas no debe dejar de preocuparnos. Como hemos dicho al principio de la entrada, una de las claves para entender el comportamiento de la economía estadounidense es el carácter de moneda de reserva del dólar. Muchas transacciones internacionales y muchos activos en posesión de los bancos centrales y de fondos de inversión establecen el dólar como referencia en virtud de la seguridad que esta moneda proporciona. Ello origina una demanda de esta divisa que impide su depreciación (depreciación que sería lógica en función del comportamiento de la balanza de bienes y servicios) y facilita la financiación exterior de la economía estadounidense. 

La combinación de altos déficits fiscales y políticas monetarias expansivas puede perjudicar a largo plazo el valor del dólar y, con él, su carácter de moneda de reserva y una de las condiciones básicas del equilibrio de la economía norteamericana. No sólo eso: la ejecución de estas políticas alimenta la causa principal de la tendencia de depreciación del dólar, que es, precisamente, el déficit comercial.

Nos encontramos, por lo tanto, con la presencia de un círculo vicioso al que conviene prestar atención: 1) el desequilibrio exterior provoca alto endeudamiento; 2) el alto endeudamiento perjudica la buena marcha del sistema financiero; 3) para facilitar el buen funcionamiento del sistema financiero, se adoptan políticas monetarias expansivas que dotan de liquidez al sistema; 4) el elevado grado de liquidez alimenta el desequilibrio exterior de la economía y vuelta a empezar…

La solución a este círculo vicioso sólo tiene dos posibles salidas. La primera, que el poderoso sistema productivo norteamericano se recupere y que sus actividades más competitivas incrementen sus ventas al exterior, disminuyendo el desequilibrio comercial con el exterior. La segunda, que el carácter del dólar como moneda de reserva se vea perjudicado y empiecen a tener protagonismo otras divisas a nivel internacional. Ello repercutiría en una reducción de las posibilidades de financiación de la economía norteamericana y daría lugar a una recesión que haría caer la demanda agregada, disminuyendo el desequilibrio comercial.

Sobre estas posibilidades, seguiremos hablando en una próxima entrada…


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