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lunes, 16 de julio de 2012

EL GRAN RECORTE: NO ME LLAMES RESCATE, LLÁMAME LOLA… (II)



Intentar valorar con equilibrio el conjunto de medidas que expusimos en la anterior entrada no es, en realidad, fácil. En primer lugar, porque no basta con decir si nos gustan o no. Hay que definir alternativas y comparar las decisiones tomadas con las mismas. En segundo lugar, porque no está claro el propio alcance de las medidas. Si han seguido la actualidad, habrán observado que, en la entrada anterior, no figuran una serie de anuncios que se habían hecho durante los días en que se aprobó el que hemos venido a llamar “el gran recorte”:

- Reducción del número de concejales y desaparición de las Mancomunidades.- NO SE HA APROBADO NADA EN RELACIÓN A ESTE PUNTO. La propia web de La Moncloa (http://www.lamoncloa.gob.es/ConsejodeMinistros/Resumenes/2012/130712-consejo.htm), lo que dice es que “el Consejo de Ministros ha recibido un informe del Ministro de Hacienda y Administraciones Públicas sobre el Anteproyecto de Ley para la Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local”. Es decir, hay que esperar para que estas medidas se concreten...

- Reducción de las cotizaciones sociales.- TAMPOCO SE HA APROBADO ESTE ASPECTO. Lo que se dijo en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, según pueden ver en el enlace anterior, es que “en el año 2013 veremos una reducción de un punto de las cotizaciones, seguido de un punto adicional en el 2014”. Pues eso, veremos...

- Supresión de la desgravación fiscal por compra de vivienda habitual a partir del 1 de enero de 2013.- Aunque también se anunció la supresión de la desgravación fiscal por la compra de vivienda habitual (que este Gobierno retomó en el Real Decreto Ley 20/2011, de 30 de diciembre), NO HE VISTO QUE AL FINAL SE DISPONGA NADA AL RESPECTO. Si alguien tiene localizada la norma que aprueba tal supresión, le agradecería que me lo indicara. (Sí se elimina la compensación por cambio de régimen de la deducción fiscal para viviendas compradas con anterioridad a 20 de enero de 2006, según vimos en la anterior entrada).


Adicionalmente, buena parte de las llamadas reformas estructurales a realizar están previstas para el segundo semestre de 2012, y las mismas se articularán mediante proyectos de ley (http://www.libertaddigital.com/documentos/programa-de-reformas-para-el-segundo-semestre-41912680.html).

En tercer lugar, porque el ambiente social es tan tenso y confuso que resulta difícil ver dónde termina la (legítima) defensa de intereses particulares y dónde empieza la definición de lo que es el verdadero interés general.

Pero, evidentemente, tratándose de uno de los conjuntos de medidas más importantes de toda la historia económica de España, es necesario hacer un esfuerzo para ofrecer una visión clara de la situación.

Llevo diciendo desde diciembre de 2011, que este Gobierno se debía preocupar por conciliar las urgencias a corto plazo de nuestra economía con sus necesidades a medio y largo plazo. Y resulta obvio que, a día de hoy, no ha conseguido resolver ni una cosa ni otra. 

Respecto al recorte del déficit, la primera (y esencial) medida planteada fue una subida del IRPF que ha sido letal para el crecimiento económico. Ya explicamos en su momento (http://eldedoeneldato.blogspot.com.es/2012/01/como-aprendi-dejar-de-preocuparme-y.html) que, frente al mito de la equidad de este impuesto, la realidad práctica es que el mismo está escorado, fundamentalmente, hacia las rentas salariales (que son las que representan el mayor volumen de las rentas efectivamente controladas). La subida de los tipos hizo resentir el consumo de quienes, en ese momento, podían consumir con algo más de alegría. La recesión en que nos hemos vuelto a sumir no hace más que confirmar el error de esta decisión inicial.

A su vez, las medidas en relación al Impuesto de Sociedades (con las limitaciones a las deducciones y a la aplicación de los gastos financieros y de la deducibilidad del fondo de comercio,  junto con la subida de los pagos fraccionados a realizar) atacaron la liquidez de las  empresas que aún mantenía un cierto desahogo en su tesorería. 

A ello, hay que sumar que no se afrontó con decisión una serie de aspectos que eran fundamentales para la solución de las taras que afectaban a nuestro sistema económico:


- No se abordó la necesaria priorización de las partidas de gasto público (tal como defendimos en este blog, con la utilización del Presupuesto Base Cero - http://eldedoeneldato.blogspot.com.es/2011/05/remedios-para-una-crisis-i-el-gasto.html -,  aunque cualquier otra técnica presupuestaria sería válida). De hecho, todavía el Gobierno confunde lo que es el necesario redimensionamiento de una estructura administrativa hipertrofiada con la mera contención de los gastos asociados a dicha estructura. Resulta ilustrativo cómo, en el RDL 20/2012, en relación a las medidas adoptadas, se dice que “… parte de estas medidas tiene carácter temporal o está prevista su aplicación sólo cuando concurran circunstancias excepcionales, quedando supeditada su vigencia a la subsistencia de la difícil coyuntura económica actual que afecta a la sostenibilidad de las cuentas públicas”. ¿Se puede generar confianza entre los posibles suscriptores de deuda pública cuando, prácticamente, se admite que se piensa volver a las andadas cuando la economía empiece a recuperarse?

- No se adoptaron medidas concretas para estimular las decisiones de inversión empresarial. De hecho, como hemos visto, las medidas relativas al Impuesto de Sociedades casi disuadieron las mismas.

Por todo ello,  el camino hacia una dura recesión fue prácticamente inevitable.

Todo adquirió tintes bastante oscuros a partir de la crisis de BFA-Bankia. El estallido de la misma puso en solfa la solvencia de todo nuestro sistema financiero. Y, en la medida en que la Administración es el garante real final de dicho sistema, los inversores empezaron a huir de la deuda pública española como se huía de los leprosos en la Palestina de tiempos de Jesús, ya que el aumento del déficit provocado por la recesión más los temores que provocaban los compromisos latentes del Estado con las entidades financieras, generaban serias dudas sobre la posible recuperación de los recursos invertidos en dicha deuda pública. 

Al final, obviamente, la única salida ha sido recurrir a la Unión Europea para poder recapitalizar nuestras entidades financieras (ante la imposibilidad de que el Estado español pudiera conseguir recursos para ello) y la Unión Europea ha puesto sus condiciones. Es decir, hay que ver las disposiciones que han efectuado el gran recorte que estamos analizando como la imposición de la Unión Europea en contrapartida a nuestro semirrescate o semiintervención (si las palabras rescate o intervención se quieren obviar por las diferencias con lo sucedido con Irlanda, Grecia o Portugal).

En resumen: aunque hay que admitir que la herencia recibida por este Gobierno fue desastrosa, no es menos cierto que la gestión de dicha herencia ha estado muy lejos de ser la adecuada, cuando, en virtud de la propia gravedad de la situación, era necesario afinar y atinar, sin lugar al error, con las medidas a adoptar. No se han abordado las claves esenciales para corregir las deficiencias del sistema económico y, al final, nos hemos tenido que entregar a las recetas diseñadas por otros. Y la gran cuestión es: ¿hacia dónde se orientan dichas recetas? Eso, lo veremos en la próxima entrada y tendremos motivos para preocuparnos…


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