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martes, 17 de julio de 2012

EL GRAN RECORTE: NO ME LLAMES RESCATE, LLÁMAME LOLA… (III)


En el día de ayer, decíamos que, en la medida en que las decisiones que constituyen el “gran recorte” nos vienen impuestas desde la Unión Europea, sería necesario entender cuál es la lógica que mueve a la política económica que nos están obligando a realizar. Reconozco que la entrada de hoy va a ser muy teórica, pero si no se entiende esta cuestión, poco vamos a comprender sobre a dónde nos quieren llevar.

Es sabido que España tiene un problema de exceso de endeudamiento. ¿Por qué una economía se endeuda más que otra? Porque demanda menos de lo que produce, de modo que, para cubrir la brecha, recurre a endeudarse, de la misma forma que una familia se endeudaría si gasta más de lo que ingresa.

El motivo por el que la demanda es mayor que la producción se puede deber a la realización de políticas expansivas del gasto o a un empeoramiento de competitividad. Como sabemos, antes del estallido de la crisis, la política monetaria era única en toda la eurozona y no existía un déficit público importante. Por ello, la clave hay que buscarla en el empeoramiento de la competitividad de la economía española.

Para utilizar un indicador de competitividad, se suele utilizar el tipo de cambio efectivo:



                                                                          Índice de precios interior
Tipo de cambio     Tipo de cambio
efectivo             =  nominal                  *    ------------------------------------------------
                                                                          Índice de precios exterior






Cuando el tipo de cambio nominal de una moneda se aprecia, es decir, sube de valor, ese país pierde competitividad, porque los precios de sus productos se encarecen al exterior. Si la moneda se deprecia, el país gana competitividad, porque sus productos se abaratan.

Una subida de precios interior daría igual, lógicamente, a una pérdida de competitividad y una bajada causaría el efecto contrario.

Las variaciones del índice de precios exterior generarían efectos inversos a los de las variaciones del índice de precios interior. La subida del índice de precios exterior provocaría que nuestros productos fueran más competitivos y la bajada, que fueran menos.

Por ello, si el tipo de cambio efectivo sube, representa una pérdida de competitividad global para una economía, teniendo en cuenta todas las variables que entran en juego. Al contrario, una bajada del tipo de cambio efectivo significa una ganancia de competitividad.

Si hemos dicho que nuestra economía tiene un problema de competitividad, han de tomarse medidas para reducir el tipo de cambio efectivo.

En una economía con moneda propia, en una situación como la que estamos viviendo, la opción más sencilla sería una devaluación de su moneda. Sus productos se abaratarían frente a los del exterior y, entonces, la mejora de las exportaciones y el empeoramiento de las importaciones provocan la mejora del saldo exterior y, con ello, se retoma la senda de la recuperación económica.

Pero, ¿qué ocurre cuando una economía tiene una moneda con un tipo de cambio fijo o, directamente, no tiene moneda propia y, por tanto, no puede influir sobre su valor (como sucede con España al tener el euro)? Pues, según la fórmula del tipo de cambio efectivo, la única variable sobre la que se puede actuar es sobre el índice de precios interior, reduciendo su valor.

Es decir, hay que provocar una deflación de precios y, subsiguientemente, una reducción de los salarios en la misma proporción, de forma que, en términos reales, todas las variables tengan el mismo valor pero, en relación al exterior, sean inferiores, con lo que el país habrá recuperado competitividad. ¿Y cómo se consigue una deflación de precios y salarios?

Hay una obra muy útil para explicar el proceso: Las consecuencias económicas de Mr. Churchill (1925) de John Maynard Keynes, que el famoso economista británico escribió con motivo de la readopción por parte de Gran Bretaña del patrón oro. En este ensayo, Keynes criticaba que el valor de la libra esterlina con que se había producido dicha readopción había sido demasiado alto y la política subsiguiente del Banco de Inglaterra y a ambas cosas achacaba los problemas que estaba atravesando, en esos momentos, la economía británica. Quiero transcribir estos dos párrafos que se pueden aplicar, casi literalmente, a nuestra situación actual, en la medida en que la sujeción de una divisa a un patrón oro se parece mucho, en términos de valor fijo de una moneda, a nuestra adopción del euro como moneda propia:


“Nuestro problema es reducir los salarios monetarios y, a través de ellos, el coste de la vida, con la idea de que, cuando se haya completado el círculo, los salarios reales serán tan altos, o casi tan altos, como antes. Pero, ¿qué modus operandi consigue que la restricción de crédito alcance este resultado?

No de otra manera que mediante la intensificación deliberada del desempleo. El objeto de la restricción de crédito, en tal caso, es quitar a los empleadores los medios financieros  para contratar trabajo al nivel existente de precios y salarios. La política puede alcanzar solamente su fin por medio de la intensificación del desempleo sin límite, hasta que los trabajadores estén dispuestos a aceptar la reducción necesaria de los salarios monetarios bajo la presión de los hechos”.



No cabe la menor duda de que la política económica que se está siguiendo en España obedece a este mismo patrón.


Para terminar de comprenderlo, vamos a utilizar el modelo demanda agregada-oferta agregada (modelo OA-DA, en jerga de economistas) que es el modelo estándar utilizado para explicar el comportamiento de la economía. Vean el siguiente gráfico:







El eje horizontal representa el nivel de producción y el eje vertical el nivel de precios. Ype representaría el nivel de producción correspondiente al pleno empleo. La línea DA (o de demanda agregada) indica que, a menores niveles de precios, mayor nivel de demanda de bienes y servicios existe. La línea OA (oferta agregada) representa que a mayores niveles de precios, mayor oferta de bienes y servicios existirá. Donde las líneas DA y OA se cortan (en los niveles Yo de producción y Po de precios) sería la situación actual de nuestra economía, con un nivel de producción inferior al que correspondería al pleno empleo.

Las medidas que, progresivamente, vamos adoptando, tienen el efecto que vemos en el gráfico interior:






La línea DA se desplaza hacia abajo (pasa a ser DA’), ya que la política aplicada es de contracción de la demanda. Evidentemente, la producción se reduce (pasa de Yo a Y1), alejándose del nivel de pleno empleo, pero, simultáneamente, también se reduce el nivel de precios (pasa de Po a P1) que es el efecto realmente buscado.

Si recapitulan, podrán recordar que algunas de las medidas adoptadas están orientadas, precisamente, a generar el proceso que aquí hemos descrito:

1.- La reforma laboral instrumentada a través del Real Decreto Ley 3/2012 (http://www.boe.es/boe/dias/2012/02/11/pdfs/BOE-A-2012-2076.pdf) facilitaba que el empresario pudiera imponer al trabajador un salario inferior.

2.- Igualmente, una de las medidas que contenía el Real Decreto Ley 20/2012, que está siendo objeto de análisis en esta entrada, era permitir que cualquier comercio pudiera efectuar rebajas ý ofertas a precios inferiores a los habituales en cualquier período del año, sin las limitaciones existentes hasta el momento.

Es decir, la ligazón del conjunto de medidas que nos están imponiendo es indudable. Pero, claro, cómo se busca conseguir que nos acerquemos al pleno empleo, si nos estamos alejando de él. Habría que desplazar la línea OA a la derecha, según observamos aquí:






¿Cómo quieren que lo consigamos? A ello dedicaremos nuestra próxima entrada…


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