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martes, 3 de julio de 2012

#GRACIAS, SARA







Recientemente, en Twitter, han tenido una gran repercusión, con el hashtag #Gracias, Sara, los tuits dedicados a la periodista deportiva Sara Carbonero y a las retransmisiones de Tele5 de los partidos de la Eurocopa.  En los tuits, aparecían chistes breves, siempre con la misma estructura, que reflejaban  un tono crítico hacia el nivel de los comentarios que se hacían en las citadas retransmisiones. Les reproduzco algunos tuits para que se hagan una idea, por si no los conocen:


- Sara, el que ha tirado el penalti, ¿era Cristiano?
- No sé, igual era musulmán...
- Gracias, Sara.


- Sara, ¿quién jugará en Italia?
- Los italianos. 
- Gracias, Sara.


- Sara, ¿qué piensas de Del Bosque?
- Soy más de playa.
- Gracias, Sara.


- Sara, ¿qué te parece que juguemos sin 9?
- Muy arriesgado: 2 contra 11.
- Gracias, Sara.


-  Sara, ¿cómo ves el partido?
- Con los ojos.
Gracias, Sara.


- Sara, ¿qué ves en la repetición?
- Lo mismo.
– Gracias, Sara.


(Hay que admitir que hay unos pocos de ellos que son especialmente “cafres” y, obviamente, no voy a reproducir, pero me veo en la obligación de comentarlo para que no piensen que todos ellos son de humor blanco).

Comprendiendo que a la protagonista de los tuits no le haga ninguna gracia el tema (http://www.que.es/gente/201206251238-sara-carbonero-compara-mofas-gracias-rc.html), a mí lo que me ha llamado más la atención es que los periodistas han tenido la reacción unánime de criticar lo que estaba pasando y salir en defensa de su compañera, tal como pueden ver en el enlace anterior y en estos otros (http://www.elmundo.es/elmundo/2012/06/30/opinion/1341092603.html, http://www.elmundo.es/elmundodeporte/2012/07/02/futbol/1341264798.html), que considero representativos de la opinión de la profesión. Me llama la atención porque, en general, los tuits no tienen ni el 1% de la crueldad con que los profesionales del periodismo se suelen tratar entre ellos cuando estalla alguna polémica y carecen de la saña que suele ser habitual en los medios de comunicación cuando algún personaje público suele ser objeto de sus críticas. Tampoco creo que quepa hablar de machismo cuando hay gran cantidad de mujeres dedicadas al periodismo, en general, y al periodismo deportivo, en particular, que desarrollan su trabajo sin que el público piense en hacer chistes sobre su labor (pienso en Mari Carmen Izquierdo, p. ej., que ya a finales de los 70 hacía periodismo deportivo en nuestro país -en RTVE- y de la que no recuerdo ningún comentario negativo; o en María Escario, que lleva muchos años en su tarea sin que el público haya realizado demasiadas críticas contra ella...). Por tanto, que la cuestión haya adquirido tanta trascendencia tiene que ser debido a otras causas... Y pienso, claramente, que las hay.

Lo primero que pueden pensar es que se trata de un ejemplo de corporativismo: los periodistas defienden a uno de los suyos... Pudiera ser, pero hay algo más profundo. El núcleo de la cuestión es que las redes sociales han demostrado ser una tecnología disruptiva.

El concepto de “tecnología disruptiva” fue introducido en 1995 por Clayton M. Christensen, profesor de la Harvard Business School y se refería, en esencia, a cambios en métodos o procedimientos que alteraban radicalmente la forma de hacer las cosas. Pero no hay que confundir este concepto con el tradicional de “innovación radical”. Una tecnología disruptiva, siendo una “innovación radical”, lo que la caracteriza es que va copando poco a poco el mercado, partiendo de ser una tecnología de bajas prestaciones, que capta, en primer lugar, aquellos segmentos de mercado desatendidos por las tecnologías tradicionales, para, progresivamente, irlas sustituyendo. Algunos ejemplos:

1.- La agricultura y el pastoreo, que acabaron sustituyendo a la caza. Está claro que quienes se dedicaron al sedentarismo y empezaron a cultivar y a cuidar de ganado, no obtuvieron resultados inmediatos. Pero cuando empezaron a recoger los frutos de su trabajo, consiguieron una posición mucho más sólida que los cazadores nómadas, de forma que estos acabaron desapareciendo.

2.- Aparición del transistor.- Los transistores sustituyeron a las válvulas en los aparatos de radio y televisión. Inicialmente, los transistores sólo se utilizaron en las radios portátiles y en pequeños televisores, es decir, en los productos situados en los tramos inferiores de precio. Sin embargo, quienes empezaron a vender esta tecnología, p. ej., Sony, desplazaron a quienes fabricaban equipos más caros, de elevadas prestaciones, como RCA (¿les suena ahora de algo a Sony?¿Y RCA? Pues eso...)

3.- Aparición de la fotografía digital.- La fotografía digital, inicialmente, tenía una baja resolución pero pudo introducirse en el mercado por poder prescindir de los costes de revelado. Hoy, ¿qué es lo habitual? Hoy, salvo en el segmento profesional, la fotografía digital es la utilizada, casi de modo total, por los usuarios...

Observemos que la clave de la estrategia de una “tecnología disruptiva” es que no empieza con la oferta de un producto claramente perfilado y con todos sus detalles completamente desarrollados. Lo que hace es satisfacer las necesidades de un segmento del mercado y, con los ingresos obtenidos de las ventas realizados al mismo, crecer hasta desplazar a las tecnologías tradicionales instaladas.

Podemos ver que Twitter o Facebook han seguido ese esquema de actuación. Han empezado como medios baratos para que las personas se conecten entre sí, de una forma sencilla y cómoda, pero han pasado, casi sin que nadie haya sido consciente de las fases del proceso, en instrumentos de creación y comunicación de estados de opinión. Y, con ello, han alterado radicalmente la forma en que LA INFORMACIÓN se transmite en nuestras sociedades.

Porque, hasta ahora, LA INFORMACIÓN Y LOS MENSAJES CON TRASCENDENCIA SOCIAL se transmitían de forma UNIDIRECCIONAL. Los medios de comunicación emitían mensajes al público y este los recibía pasivamente. Cada cual podía valorar, interiormente, el contenido del mensaje, pero poco máś podía hacer. Ahora, esto ya no es así. En una red social, cada uno puede valorar el mensaje, puede saber las valoraciones de otros usuarios, puede modular su opinión en función de las mismas y puede llegar a conocer la valoración general de las personas de su entorno. Pero no sólo eso: es que ahora, la creación de mensajes y de estados de opinión no está únicamente limitada a lo que los medios quieran o estén dispuestos a decir. LA INFORMACIÓN Y LOS MENSAJES DE TRASCENDENCIA SOCIAL YA SON MULTIDIRECCIONALES. De las redes sociales pueden surgir valoraciones espontáneas, sin que los medios de comunicación hayan influido en ello. Aún más, a pesar de que puedan desear que dichas valoraciones no tengan lugar. 

Es decir, de repente, los medios de comunicación se han dado cuenta, casi de forma dramática, de que un poder que, prácticamente, monopolizaban, ha quedado mermado de forma espectacular. Y como, cuando alguien disfruta de un poder importante, casi nunca repara en que ello, al final, acaba siendo fruto de unas circunstancias y un tiempo determinados, sino que acaba pensando que es así casi por “derecho divino”, cuando empieza a perder ese poder porque las circunstancias son otras, la reacción es siempre de “ataque contra el invasor”. Detrás del tema del #Gracias, Sara no hay ninguna “campaña”, como los periodistas han dicho, porque, sencillamente, no puede haberla. Los usuarios de Twitter se han unido al hashtag y han seguido la corriente porque las retransmisiones de Tele5 no les acaban de gustar o ven que pueden ser objeto de mofa (que sería lo que Tele5 tendría que analizar y más tras los ingresos por publicidad obtenidos: http://www.elconfidencialdigital.com/medios/075856/gana-espana-y-pierde-telecinco-paolo-vasile-reconoce-que-la-eurocopa-ha-sido-un-mal-negocio-para-su-cadena-no-ha-logrado-traducir-la-audiencia-en-ingresos-publicitarios), pero no se puede utilizar un concepto propio de los medios de comunicación tradicionales, como es el de “campaña” (ya que es fácil que una radio, un periódico y una televisión pueden estar todos los días reiterando un mensaje o criticando un determinado personaje público hasta conseguir un objetivo concreto: a fin de cuentas depende de la decisión de un director de medio y de unos cuantos periodistas) y aplicarlo a nuevas tecnologías, donde es más difícil (por no decir imposible) llevarlo a cabo: ¿acaso piensan que unos cuantos miles de personas se han puesto de acuerdo y han organizado una conspiración contra Sara Carbonero y Tele5?

La reacción de los periodistas se debe, fundamentalmente, a que han visto que han perdido un poder que pensaban que les pertenecía sólo a ellos. El #Gracias, Sara no ha surgido de ninguna redacción de periódico ni de ningún estudio de radio o televisión: los usuarios de Twitter han hecho que adquiera protagonismo. Y han sido los medios los que han ido a rebufo de la corriente: han tenido que dar cabida a algo que ellos no han controlado... Y duele, y mucho, para quienes han gozado de mucho poder, comprobar cómo ha perdido una parte importante de él...

Pero como los miércoles, las entradas van de gestión empresarial, la reflexión final debe ir orientada hacia esa temática. ¿Qué es lo inteligente?¿Criticar y atacar el cambio que se está produciendo?¿O aprovecharlo y sacar lecciones de él, adaptándose al nuevo entorno? Mi respuesta es clara: si los periodistas y los medios de comunicación intentan volver a la situación previa y ser los únicos que controlan la creación y divulgación de los mensajes, se estarán equivocando. Si, por el contrario, utilizan las nuevas tecnologías para captar el pulso social y el de sus seguidores, e intentan mejorar su posición competitiva sobre esa base, estarán en la senda correcta (aunque, obviamente, es un camino más difícil y espinoso que el tradicional). Desde luego, falta les hace cambiar y ajustarse a la nueva realidad:








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