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jueves, 23 de enero de 2014

ANÁLISIS DE EL LOBO DE WALL STREET (I)

ANÁLISIS DE EL LOBO DE WALL STREET (I)

El pasado 17 de enero, se estrenó la última película de Martin Scorsese, El lobo de Wall Street. Como ya hicimos con Margin Call (http://eldedoeneldato.blogspot.com.es/2011/11/analisis-de-margin-call.html), Moneyball: Rompiendo las reglas (http://eldedoeneldato.blogspot.com.es/2012/02/analisis-de-moneyball-rompiendo-las.html), Malas noticias: Too big to fail (http://eldedoeneldato.blogspot.com.es/2012/07/analisis-de-malas-noticias-too-big-to.html y http://eldedoeneldato.blogspot.com.es/2012/07/analisis-de-malas-noticias-too-big-to_11.html) y Jobs (http://eldedoeneldato.blogspot.com.es/2013/09/analisis-de-la-pelicula-jobs.html), aparte del análisis estrictamente cinematográfico que he realizado en mi blog El espectador impertinente (http://cineartemagazine.blogspot.com.es/2014/01/el-lobo-de-wall-street-o-de-aquellos.html), en este blog voy a realizar un análisis ceñido al punto de vista económico. Y hay que decir que hay mucho que comentar con esta película.

El lobo de Wall Street está basada en la autobiografía de Jordan Belfort (http://es.wikipedia.org/wiki/Jordan_Belfort), broker de Wall Street y fundador y principal propietario de la agencia de valores  Stratton Oakmont, que, en 1998, fue acusado de fraude de valores, lavado de dinero y manipulación del mercado de valores. Tras colaborar con el FBI, fue condenado a 22 meses de cárcel en una prisión federal y a la obligación de restituir todo lo defraudado a sus víctimas, cantidad que se eleva a los 110,4 millones de dólares. Hasta la fecha, sólo ha devuelto un 10% de esa cifra.



 Jordan Belfort



DINERO Y SABIDURÍA

Una de las críticas que se ha realizado a El lobo de Wall Street es que la realidad que refleja dista mucho del auténtico perfil del mundo financiero estadounidense (http://elespectadorimpertinente.blogspot.com.es/2014/01/el-lobo-de-wall-street-o-de-aquellos.html). Es cierto que, al tratarse de una sátira, exagera ciertos aspectos de la cuestión. Pero exageración no significa falsedad. De hecho, considero positivo que se ponga énfasis en determinados aspectos de lo que ha sucedido (y, probablemente, siga sucediendo) no sólo con los brokers de Wall Street sino, en general, con muchas pautas de actuación de entidades del sistema financiero, que han antepuesto sus ansias de beneficios a corto plazo al desarrollo de una estrategia a largo plazo basada en la satisfacción de las necesidades y expectativas de sus clientes a través de un asesoramiento riguroso (HIPOTECAS SUBPRIME: http://www.elmundo.es/mundodinero/2007/08/09/economia/1186668506.html, PARTICIPACIONES PREFERENTES: http://elpais.com/tag/participaciones_preferentes/a/, http://cincodias.com/tag/participaciones_preferentes/a/, SWAPS: http://www.alertadigital.com/2011/02/08/los-clips-hipotecarios-y-los-swaps-de-tipos-disparan-las-denuncias-el-bbva-se-mete-en-un-berenjenal-juridico-para-tratar-de-eludir-sentencias-en-su-contra/, FONDOS INMOBILIARIOS: http://www.elconfidencial.com/mercados/archivo/2009/02/17/noticias_14_cierre_banif_inmobiliario_valoracion_activos_banca.html). En un sentido más profundo, conviene desmitificar dos creencias que han demostrado un enorme potencial de ser asumidas sin excesivo sentido crítico. La primera, la de que a cualquier persona relacionada con el manejo del dinero se le atribuyen unas especiales virtudes de inteligencia y sabiduría. En palabras de John Kenneth Galbraith, en su obra El dinero, “los que hablan de dinero y enseñan sobre él y se ganan la vida con él, adquieren prestigio, estima y ganancias pecuniarias de una manera parecido a como los adquieren un médico o un hechicero al cultivar la creencia de que están en relación privilegiada con lo oculto, de que tienen visiones de las cosas que no están al alcance de las personas corrientes. Aunque profesionalmente remunerador y personalmente provechoso, esto es también una forma conocida de fraude. Nada hay en el dinero que no pueda ser comprendido por una persona razonablemente curiosa, activa e inteligente”. La segunda, la de que, casi por arte de magia, se pueden obtener espectaculares rentabilidades en el mercado financiero, sin tener en cuenta que un potencial mayor de rentabilidad está asociado, inevitablemente, a un mayor riesgo de los activos en los que se invierte (eso ya lo explicamos en nuestra entrada dedicada a Margin Call).

A lo largo de la película, el motivo fundamental por el que Jordan Belfort llega a tener éxito es porque sus clientes piensan que tiene acceso a una información y a un conocimiento de las empresas cuyas acciones se encarga de vender por encima de la que puede tener una persona corriente y que ese mayor conocimiento podía proporcionar ganancias milagrosas si se invertía en ellas. En realidad, ello no era así en absoluto. Simplemente, era un avezado vendedor que percibía comisiones por sus ventas y que optó por “colocar” acciones a destajo para maximizar el importe percibido en concepto de dichas comisiones. Para ello, aplicó técnicas agresivas propias de la venta a distancia a través de un call center en el que llegó a tener más de 1.000 operadores. Simplemente, se trataba de eso. No había más. Nada más. Belfort no realizaba ningún tipo de análisis sobre las empresas cuyas acciones recomendaba. No sabía nada que pudiera permitir elegir con algún tipo de fundamento en qué compañía había que invertir. Nada de nada.

En principio, puede sorprender que, simplemente con ese bagaje, Stratton Oakmont lograra vender 1.000 millones de dólares a través de 35 Ofertas Públicas de Venta de acciones. Y sí, resulta sorprendente. Pero es más sorprendente aún que, aunque Belfort fuera procesado en 1998, con posterioridad estallaran casos como el de Bernard Madoff (http://www.elconfidencial.com/mercados/archivo/2008/12/13/noticias_99_descubierto_falta_liquidez_necesitaba_millones.html, http://www.elconfidencial.com/mercados/archivo/2008/12/13/noticias_63_madoff_confeso_fraude_hijos_antes.html), el de Marc Dreier (http://www.elmundo.es/mundodinero/2008/12/16/economia/1229419588.html) o el de la agencia MF Global (http://www.elmundo.es/elmundo/2011/10/31/economia/1320074575.html) que, aunque distinto a los anteriores, guarda similitudes con ellos en la medida en que está provocado por unas expectativas de beneficios disociadas de los factores de riesgo implicados. Hechos similares a los citados son el de la quiebra del Banco Barings provocada por la inversión de uno de sus operadores, Nick Leeson, en el mercado de futuros asiático (http://www.actibva.com/magazine/mercados-financieros/como-nick-leeson-provoco-la-quiebra-del-banco-baring), las pérdidas generadas en Société Generale por uno de sus trabajadores, Jerôme Kerviel (http://www.elmundo.es/mundodinero/2008/01/24/economia/1201189436.html, http://www.libertaddigital.com/economia/societe-generale-victima-de-un-fraude-que-le-costara-casi-5000-millones-de-euros-1276322051/) o las sufridas por UBS a raíz de las prácticas de uno de sus operadores (http://www.elconfidencial.com/economia/2011/09/15/detenido-un-trader-de-ubs-por-hacerle-un-agujero-de-2000-millones-de-euros--84268, http://www.elmundo.es/elmundo/2011/09/18/economia/1316353866.html). 

Toda esta pequeña galería de los horrores tienen en común una percepción errónea de la relación riesgo-beneficio de distintas operaciones y una sobrevaloración de la capacidad (propia o ajena) de gestionar dicho binomio. Teniendo en cuenta que la llamada “crisis de los tulipanes” en Holanda (http://www.abc.es/economia/20130615/abci-tulipanes-burbuja-especulativa-201306142107.html), se produjo en 1637, se deduce que, 377 años después, seguimos sin aprender unas verdades bastante sencillas y elementales.


LA BICICLETA OCULTA

Al principio de El lobo de Wall Street, el personaje encarnado por Leonardo di Caprio mantiene una conversación con su jefe (interpretado por Matthew Conaughey) en el que este le explica cómo es la forma de actuar (no confesada) entre los brokers de Wall Street.



 
Leonardo di Caprio y Matthew Conaughey en El lobo de Wall Street


Si preguntáramos entre el público cuál es la forma en que creen que proceden unos profesionales que ofrecen servicios de asesoramiento financiero a sus clientes, la respuesta sería aproximadamente la siguiente: los mismos se encargarían de maximizar los ahorros puestos bajo su custodia, atendiendo a los parámetros de riesgo que los propietarios de esos ahorros están dispuestos a asumir y que habrían quedado meridianamente claros en la relación profesional con dichos agentes. Lo que el personaje de Matthew McConaughey expone no tiene nada que ver con este modelo. Los ingresos de los agentes financieros dependen de que sus clientes acepten realizar nuevas operaciones ya que la realización de esas nuevas operaciones supone comisiones que son, en última instancia, la fuente de ingresos de dichos agentes. Es decir, aunque un cliente tenga invertidos sus ahorros en el activo financiero adecuado y la decisión óptima sea mantener la inversión tal como está, ello no interesa a los brokers que gestionan el patrimonio de ese cliente. Lo que verdaderamente les interesa es que deshagan la posición e inviertan en un activo financiero diferente porque, con ello, obtienen comisiones por la transacción.

Esta exposición de los hechos no difiere en exceso de lo que sucede en los sistemas financieros de los países más avanzados del mundo. En la medida en que los márgenes de intermediación (entre las operaciones de activo y de pasivo) de las entidades bancarias sufren una tendencia de caída permanente, la única forma para mantener o incrementar la tasa de beneficio es generar comisiones vía operaciones de desintermediación. ¡Ojo! Hemos dicho OPERACIONES DE DESINTERMEDIACIÓN, es decir, que la mayoría de las entidades bancarias comercializan productos que están fuera de su balance y respecto a los cuales sólo mantienen una relación de vendedor-comisionista. Esto acarrea un riesgo moral obvio. Un cliente puede creer que el banco va a estar muy preocupado por el buen destino de la inversión realizada ya que en ello le van sus propios resultados cuando, una vez vendido el producto, al banco ni le va ni le viene la marcha posterior del mismo. Es decir, todo el riesgo lo asume el cliente, el cual, en muchas ocasiones, no es consciente de esta circunstancia.

Según lo explicado, el sistema financiero acaba sosteniéndose sobre una bicicleta oculta, una bicicleta no confesada en que, para obtener beneficios, es necesario realizar continuamente transacciones para que la cuenta de resultados no se resienta. Pero, evidentemente, ello no es una estrategia empresarial sostenible a largo plazo. Antes o después, los clientes reparan en que, en vez de recibir un asesoramiento profesionalizado, se han convertido en simples pedales que son utilizados para mantener al sistema financiero en pie.

La actual crisis y los problemas por los que está atravesando el sistema financiero están muy relacionadas con la quiebra del modelo descrito y con la pérdida de confianza en la inversión en muchos activos financieros de forma que se ha producido una huida hacia activos con la mayor liquidez posible y con el menor riesgo asociado, de forma que los mercados financieros, en la actualidad, operan bajo elevadas condiciones de incertidumbre. Como es lógico, hay conductas que no salen gratis sino que llevan implicados costes elevados y disfunciones no fácilmente resolubles en el corto plazo. Por ello, lo que se explica en El lobo de Wall Street va más allá de ser la historia de un personaje aislado que sufrió su correspondiente castigo. En el fondo, nos habla de comportamientos que, más o menos acusados en sus puntos más discutibles, explican la actual coyuntura que estamos sufriendo.

Pero, como hay más elementos a destacar, la semana que viene seguiremos desmenuzando la película.


1 comentario:

  1. Sería mucho más cómodo de leer si insertara un link en la palabra que quiere que lo lleve y así te redirige directamente a ese enlace, en vez de copiar entre paréntesis la dirección web.
    Buen post.
    Saludos.

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